Vuelve, me dijo con voz trémula, son malos tiempos incluso para
nosotros, los blancos. El desolador viaje de regreso me abrió los ojos.
Sólo pájaros, muchos pájaros y ningún ser humano. Aquella pintura
inacabada, un retrato de mi madre, debe seguir en el estudio, sobre el
caballete, cubierta de polvo, esperando algún concurso que nunca se
celebrará. No me hago ilusiones, mi único consuelo es poder despedirme
de ella.
Mintiendo a Diestro y Siniestro
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