

La
brisa arrastró un tamborileo lejano, ella lo buscó; soy un ciervo
de siete puntas, se dijo; y se alejó de la hoguera y el bullicio en
dirección a la orilla, caminando despacio por la tibia arena hasta que la
humedad lamió su piel; soy una crecida a través de un llano, se
dijo; la espuma salada cubrió sus pies. Observó el firmamento
indagando en sus misterios; soy una lágrima que el sol deja caer; la
gasa del vestido acariciaba sus pezones alerta; soy una espina bajo
la uña; de puntillas levantó los brazos al infinito; soy un
prodigio entre flores; el tamborileo pareció encabritarse, ella
comenzó a bailar; soy una lanza que anhela sangre. Frotó sus manos
atrapando el viento; soy un señuelo del paraíso; se giró y lo eligió
a él, del Norte, frío y cortante, el tambor se avivó, y siguió
bailando para entrar en calor. Soy jabalí despiadado y rojo;
danzando cada vez más y más salvaje; soy la fogata de todas las
cuevas; le dio la espalda e inclinándose desnudó sus caderas; soy
la matriz de todos los bosques; y se contoneó hasta que él fue todo
lujuria y se enroscó entre sus miembros divinos, tambor, tambor,
tambor... Soy la reina de todas las colmenas; gemidos volaron cual
palomas hacia los cielos hasta que solo se escucharon las olas.
Húmeda y saciada se apartó, pero él la retuvo por las muñecas.
Ningún dios victorioso me hará cautiva, susurró. Soy la tumba de
todas las esperanzas.
Este micro intenta representar torpemente el Mito Pelasgo de la Creación. Espero que disfruten con su lectura.